jueves, 14 de abril de 2016

Kintsugi, el arte de amar nuestras cicatrices

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Kintsugi es el arte japonés de arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia.
La historia del kintsugi se remonta a finales del siglo XV cuando el shōgun, Ashikaga Yoshimasa envió a China, para ser reparado, dos de sus tazones de té favoritos. Los tazones volvieron reparados pero con unas feas grapas de metal, que los volvían toscos y desagradables a la vista.



El resultado no fue de su agrado, así que busco artesanos japoneses que hicieran una mejor reparación, dando así con una nueva forma de reparar cerámicas, convertida en arte



Esto nos hace pensar que todos hemos sufrido alguna vez, hemos tenido momentos en los que estábamos realmente rotos en mil pedazos y no sabíamos cómo avanzar o recoger esos pedacitos de nuestro ser para poder seguir adelante. Simplemente estábamos perdidos.



Pero no sabemos cómo, un día algo nos hace creer en nosotros otra vez, nos hace levantarnos y recoger todos esos trozos de nuestro ser y volverlos a juntar. Pero a veces juntamos las piezas de alguna manera en la que no nos gusta, y volvemos a caer por culpa de ese "mal" arreglo. 
El Kintsugi nos ayuda a apreciar nuestras cicatrices externas o internas, esas cicatrices son parte de nuestro ser ahora, debemos quererlas como si fuera oro en paño. Esas cicatrices nos pueden ayudar en momentos en los que casi volvemos a caer.
En mi caso, también tengo cicatrices externas pero, siendo sincera, no me molesta verlas. En cambio, me gusta verlas, tocarlas y recordar que aún sigo viva, sigo respirando y que hay gente que me ha ayudado a levantarme y amar a esas cicatrices. Siempre estaré agradecida por todo su apoyo. 
Así que, piénsalo, tú te has caído y te has vuelto a levantar, sé feliz de tener cicatrices de oro. 



María Sanmartín

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